lunes, 30 de mayo de 2011

Fin de semana


El jueves pasado salimos de Angoulême, Gaëtan y yo, a las 20h. Hacíamos la primera parte del trayecto para ir a Toulouse. Gaëtan iba a presentar su entrevista de admisión, para una importante escuela de ingeniería y yo iba a visitar, conocer y ver a Mauricio por unas horas.
No puedo dar muchas opiniones sobre Toulouse porque estuvimos apenas unas cuantas horas, pero puedo decir que me pareció una ciudad agradable, con muchísimos extranjeros y estudiantes.
Después de compartir con Mauricio y sus amigos (en su mayoría de origen hispano), viajamos a Cahors, para el matrimonio de uno de los hijos, de una familia amiga de los padres de Gaëtan.
Yo me puse mi vestido, y unos zapatos que luego tuve que cambiar porque mis dedos de los pies no iban a aguantar toda la noche en una talla al parecer más pequeña de la debida. Así que, aunque me negué al principio, tuve que montarme en unos tacones, pero que paradójicamente hacían sentir mucho mejor mis pies que los zapatos planos que me quedaban pequeños.

El matrimonio empezó a las 3pm en la alcaldía de un pueblo cerca a Cahors. La novia y el novio llegaron casi al mismo tiempo. En estos casos el Alcalde es quién hace las veces de notario y oficia los matrimonios civiles. No hubo arroz, sino burbujas de jabón, algo que me pareció original y muy lindo. Luego de esta corta ceremonia todos los invitados fuimos a una especie de pequeño castillo en el campo. Allí tomamos el aperitivo y degustamos pasabocas... en mi caso fueron muchos. Allí el fotógrafo seguía haciendo fotos de los recién casados y sus familias y amigos. Y adivinen qué? El fotógrafo amigo de adolescencia de la casada, estaba acompañado de Ana, su esposa colombiana. A quién conoceríamos Gaëtan y yo, dos horas más tarde en la sala de la recepción, a un km de distancia del castillo del apero.

Ya en la sala de recepciones, estábamos ubicados estratégicamente en la mesa llamada: Cristóbal Colón, con el hermano del novio, su novia, el fotógrafo, Ana y unos jóvenes familiares de la casada.

Olvidé decir que el recién casado pertenece a la marina Francesa y el tema de la fiesta eran los marineros. En la recepción desde que llegamos empezamos a disfrutar de una exquisita cena, al mejor estilo de los restaurantes franceses. Comenzamos por el fois gras y terminamos en tres deliciosos postres de los cuales no recuerdo el nombre. Todo estaba riquísimo, lástima que en estos casos, mi estómago me traiciona y se llena muy rápido, así que de los últimos platos apenas pude degustar los sabores.
En los matrimonios franceses hay un animador, dj que organiza juegos, al mejor estilo de las piñatas o fiestas infantiles. Yo no jugué nada ni baile, estaba muy cansada después de una larga semana de rodaje y una visita relámpago a Toulouse.

Cómo dato curioso les cuento que está canción fue una de las primeras que escuché en la fiesta: el nevao Claro existe la versión francesa que habla de hacer la fiesta y no de poner los cuernos.

Les comparto algunas fotos del matrimonio...








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